[RESEÑA CINE] El permiso: ley, tradición y religión en contra de la mujer

El permiso, premiada película iraní del 2018, llega a Chile a mano de nuestro amigos de Cinetopia y aquí te contamos qué nos pareció.

PelículaEl permiso
Título originalCold Sweat
Estreno5 de marzo
DirectorSoheil Beiraghi
ProducciónNoori Pictures
ElencoBaran Kosari, Amir Yadidi
Duración88 minutos
CensuraTE+7
SinopsisTras 11 años de arduo trabajo, Afrooz, la capitana del equipo de fútbol femenino iraní, ve su sueño convertirse en realidad: Irán califica para la final de la Copa Asiática de Naciones. Lista para embarcarse hacia Malasia, se entera de que su esposo le prohíbe salir del país. En Irán, una mujer necesita el permiso de su marido para viajar.

En los tiempos que vivimos actualmente, donde la sociedad parece tan dispuesta a debatir sobre paridad, igualdad de derecho y, donde las demandas sociales y ciudadanas se hacen escuchar de una u otra forma, nos puede parecer impensado que aún existan lugares en el mundo donde un hombre puede ser dueño de la vida y el destino de una mujer, especialmente cuando la ley lo avala y respalda con todo el peso de la tradición y la religión.

Esto es justamente el dilema planteado en “El Permiso”, la primera película del iraní Soheil Beiraghi, una historia basada en un caso real ocurrido el año 2015 en Irán, un país musulmán muy conservador en lo que respecta a los derechos de la mujer. 

El filme nos presenta a su protagonista, Afrooz (Baran Kosari), una seleccionada nacional de futsal y la capitana del equipo, además, que tras mucho esfuerzo y una vida completa dedicada al deporte logra clasificar a su equipo a una final de la Copa de Asia en Malasia. 

Todo se complica cuando se entera, en el aeropuerto mismo, que no tiene permiso para salir del país ya que su marido Yasser (Amir Jadidi), un famoso presentador de televisión, y con quien Afrooz tiene una relación distante y tormentosa (están separados de hecho hace más de un año). Él decidió que ella no podía salir del país, por motivos egoístas y posesivos.

Así nos vemos envueltos en el drama de esta jugadora que intenta por todos los medios lograr su sueño de ganar una copa representando a su país, enfrentada al machismo enfermo y religioso de su marido Yasser, a la falta de empatía y sororidad de su equipo y entrenadora, a las leyes injustas y arcaicas de su país, a la misma Federación de Fútbol, dirigida (obviamente) por un hombre que poco y nada quiere hacer por ella. 

Ni siquiera las denuncias en redes sociales logran algo, pues en una sociedad retrógrada, machista y donde la ley se funde con la religión en la mayoría de los casos, es imposible lograr cambios.

 Una lucha imposible de ganar, lamentablemente, pero que nos deja con mucha indignación, tristeza y algo de esperanza en el futuro en la medida en la que las mujeres logren unirse y exigir sus derechos y los cambios que sean necesarios luego de siglos de opresión.

Es difícil criticar esta película sólo desde el punto de vista cinematográfico, ya que la carga emocional que conlleva es muy alta, se trata de una obra que busca más provocar emoción, indignación y empatía con su protagonista que impactarnos con su cinematografía.

 Beiraghi es más bien austero y autorestringido en su forma de contar la historia de Afrooz, con su asertiva cámara, se entiende su  intención de mostrarnos una sociedad donde una mujer no puede destacarse ni mucho menos ser protagonista de un “escándalo”. 

Tiene momentos muy interesantes, especialmente a la hora de retratar a Yasser como un esposo celoso y posesivo, un verdadero psicópata que sólo busca dominar a su esposa y es capaz de llegar a las últimas consecuencias con tal de que ella no pueda ser libre.

Es importante destacar este tipo de películas por su aporte cultural, cinematográfico y además, para hacernos notar que la lucha continúa día a día y que aún existen millones de mujeres oprimidas que necesitan ser escuchadas. Incluso viviendo en sociedades tan distintas, las mujeres en nuestra sociedad actual enfrentan problemáticas similares a las de Afrooz, quizá no oprimidas por la religión, pero sí por la masculinidad tóxica, la falta de empatía, los abusos de parte de sus parejas y en general, más allá del contexto cultural, sentir que no se tienen los mismos derechos que los hombres es un tema presente en todo el mundo hoy en día, especialmente en esta fecha tan cercana al 8M.

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