La revolución francesa en Assassin’s Creed Unity, la derogación de una secta religiosa en Far Cry 5, y la revolución de Deadsec en contra del ctOS 2.0 en Watch Dogs 2, son algunos de los catalizadores para las tramas principales en estas tres entregas de las tres sagas más importantes de Ubisoft hasta la fecha, y a pesar de las directas implicaciones socio-políticas de sus tramas, es precisamente ese aspecto el que menos brilla, y esto no solo ocurre en estas entregas, si no que en casi todas las otras obras de la compañía, y de esto tratara este artículo.

Desde sus inicios, Ubisoft ha logrado hacer videojuegos muy centrados, con jugabilidad muy concreta y una trama, que si bien no eran complejas, si hablaban de algo, y desde un tiempo a esta parte, decidieron enfocarse en tramas que tuviesen que ver con política de un modo u otro, y aquí es donde Assassin’s creed, Far Cry y Watch Dogs entran en la ecuación, siendo uno un videojuego centrado en una batalla milenaria entre el orden y el caos, otro una historia sobre un individuo que lucha prácticamente solo contra un psicópata con complejos de dictador, y una asociación de ciber terrorismo que intenta desestabilizar una distopia totalitaria, respectivamente.

Pero a pesar de ser tramas muy distintas entre ellas, que es lo que poseen en común, pues que ninguna logra hablar más allá de la superficie sobre los temas políticos que sostienen sus argumentos; en las tres sagas, los desarrolladores decidieron poner más atención y mimo a los aspectos técnicos y mecánicos en vez de narrativos, dejando de lado cualquier pretensión de ir más allá en cuanto a la zona de confort que se suele mantener en la industria, concluyendo así un una obra a medio masticar, y con aspiraciones demasiado básicas y típicas, aunque no por ello negativo.

En estas tres sagas, logran un gameplay y kinestésica muy disfrutables, con uno que otro personaje icónico, y con una idea global más que sólida, ya que la historia y jugabilidad van muy de la mano, logrando una coherencia narrativa y una sensación de juego que te hace sentir dentro del guion, agenciando así una jugabilidad sencilla de aprender y fácil de manejar… aunque sus fallidas pretensiones resaltan aún más considerando el historial de la empresa.

En estas historias, siempre el concepto predominante es el mal contra el bien, las mega empresas contra una guerrilla revolucionaria, o gobiernos autoritarios contra movimientos hacktivistas, pero a pesar de contar tramas claramente inclinadas hacia una ideología en contra de cualquier tipo de opresión, las acciones de algunos ejecutivos dentro de la compañía claramente no son un reflejo de esta idea, ya que aparte de las recientes controversias por uno de los dichos de la compañía en relación a la presencia de mujeres como protagonistas en sus obras, también, en julio de 2020, Serge Hascoët, una de las cabezas ejecutivas más importantes de toda la compañía renunció, debido a denuncias de abuso, acoso sexual y conductas indebidas dentro de las oficinas de Ubisoft, y junto con él, Yannis Mallat y Cécile Cornet, dos de los otros miembros importantes de dicha empresa fueron removidos de esta por orden de Yves Guillemot, CEO de Ubisoft, alegando lo siguiente: “Ubisoft ha quedado a deber en su obligación de garantizar un lugar de trabajo seguro e inclusivo para sus empleados. Estoy comprometido a implementar cambios profundos en toda la compañía para mejorar y fortalecer nuestra cultura laboral” igualmente añadió: “Cada vez que hemos sido conscientes de la mala conducta, tomamos decisiones difíciles. Ahora ha quedado claro que ciertas personas traicionaron la confianza que deposité en ellos” y cuando se rumoreo de su propia salida de Ubi, el ceo dijo: “Nunca he comprometido mis valores fundamentales y mi ética, y nunca lo haré”.

Dicho esto, ¿en que quedan las ideologías implantadas en sus icónicos personajes? ¿Por qué tener que esperar a que haya denuncias y decenas de afectadas y afectados bajo su mismo techo para decidir cambiar las cosas dentro de su propia empresa?, ¿es eso lo que habría hecho Arno Dorian, Ezio Auditore o Aiden Pearce? Obviamente es incierto, ya que es difícil saber cuánto de esta información manejaba el CEO de Ubisoft antes de tomar esa decisión, pero no cabe duda de que este tipo de comportamiento e hipócrita actuar de ciertos ejecutivos no es algo raro en la industria, ya que la misma Rockstar ha sido acusada de presionar en exceso a sus trabajadores con  la excusa de que es para la calidad de sus obras, el problema llega cuando la prensa o los “gamers” deciden hacer vista gorda a este tipo de conflictos, y prefieren centrarse en las notas y números  de los estrenos, antes de aquellos que lo hicieron posible…

 

Para finalizar, cabe recalcar que Ubisoft es una de las compañías que mas a capitalizado el concepto de videojuegos como servicio, y que hacer una trama sobre una batalla en contra de un gobierno autoritario capitalista, mientras venden varias versiones del mismo juego, pero con distintos niveles de “exclusividad” según pagues más o menos, es alejarse tanto del enfoque principal de la obra en sí, que termina ensuciando el argumento, dejando un producto entretenido, pero carente de personalidad y valentía.

Y tú, ¿estás de acuerdo con la dirección que está tomando la compañía, o consideras que deberían modificar su modus operandi? Deja tu opinión en los comentarios.

Comentarios

comentarios