La decadencia de Ubisoft: Assassin´s Creed – Parte 2

Antes de todo hay algo que debo aclarar, solo poseo desde la primera entrega hasta Rogue, entonces lo que viene a continuación se basa en ese margen, sin contar ni AC: Unity, AC: Syndicate y AC: Origins, dicho esto, podemos continuar.

El Parkour, l’art du déplacement (el arte del desplazamiento), es una disciplina de origen francés que consiste en desplazarse en cualquier entorno (en ambientes urbanos o naturales), usando las habilidades del propio cuerpo, procurando ser lo más rápido y fluido posible y efectuando movimientos seguros y eficientes, es esta disciplina la utilizada en la saga Assassin´s Creed desde su inicio, pero a pesar de que la idea en todos los juegos de esta sea la misma, a variado la forma de ejecutarse hasta casi llevarnos de la mano.

En la primera entrega encarnamos a Altaïr Ibn-La’Ahad, un hábil asesino del siglo XII, el cual entreno toda su vida para aprender las ancestrales técnicas y habilidades que necesitaba para servir a su credo, y esto se refleja a través del gameplay, el personaje escala de forma tosca y pesada cada estructura sin importar el tamaño de esta, y en cada escalada sentimos en los controles lo difícil que es mantenerse a tales alturas, y aunque el personaje solo caiga si nos soltamos o si somos tan mancos como para no dar los saltos en los mementos adecuados, existe la tención de que si se da un mal paso podría, ser el fin.

Para la segunda entrega el concepto de movimiento fluido predominó más, ya que a diferencia de el primero, los controles se cambiaron para que sea un poco más sencillo, reduciéndolo a el botón de caminar, el de perfil alto y la barra espaciadora, en caso de ordenador, esto ayudo a que no caigamos tan fácil, ya que podemos correr por los tejados pero si no presionábamos la barra no hacíamos saltos y el personaje quedaba colgado de la superficie en la que estábamos, pero el verdadero problema de eso es no controlábamos a un asesino entrenado, mas bien un niñato que se iba de barcos y putas con el dinero de papi, aunque se puede decir que su padre se encargó de que aprendiese desde temprana edad para unírseles, pero es una excusa barata que ni siquiera llegan a dar. Para las siguientes dos entregas el movimiento no cambio demasiado, solo quizás en un par de aspectos, como el gancho de Revelations, que ayuda a moverse de forma rápida de edificio a edificio, pero sigue teniendo la base de la segunda entrega.

El que de verdad hizo un cambio fue Assassin´s Creed 3, que, con un cambio de ambientación y motor gráfico, también cambio sus mecánicas de parkour, haciéndolas muchísimo mas fluidas que sus antecesores, añadiendo una diferente convinacion para que escalar y saltar sean todo un placer kinestetico, y que incluso tenían un sentido en la trama, ya que al iniciar el juego manejábamos a un templario con años de experiencia, para luego manejar a un nativo americano que pasaba sus días de juventud escalando árboles y cazando, para luego unirse a la hermandad de los asesinos y matar templarios.

Y ahora la joya de la corona, Assassin´s Creed IV: Black Flag, un videojuego en el que conseguimos todas las habilidades de un asesino, como lo son el parkour avanzado, con un jodido traje, ya que por alguna razón si te pones un traje de asesino consigues los poderes de uno, ya que nuestro personaje es un pirata bueno para nada el cual es imposible que haya aprendido estas destrezas por su cuenta, y aunque sean cómodas y entretenidas, no tienen un sentido en la trama, y como se excusa Ubisoft?, no lo hace, pasa porque si, sin más, sin siquiera ahondar en los porqués de dicha decisión, lo cual me parece ridículo.

Y después esta Rogue, es igual a Black Flag, así que mucho cambio de mecánicas de parkour no hay, por lo menos no que marquen una diferencia.

Por conclusión saco que a medida que pasa el tiempo, la saga se ha tornado mas gentil con el jugador, sacrificando una de sus mecánicas principales como lo es el parkour, para hacerla mas sencilla, y aunque esta resulte más divertida, rompe con las aspiraciones iniciales… hacernos sentir como parte de la hermandad.

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